Copyright © 2023 - ForoSII.com

2.1. Intolerancia a la lactosa

Entender la intolerancia a la lactosa puede marcar la diferencia entre vivir una vida llena de síntomas incómodos o disfrutar de una salud óptima. Esta condición, que afecta a millones de personas en todo el mundo, ocurre cuando el cuerpo es incapaz de digerir adecuadamente la lactosa, un tipo de azúcar presente en los productos lácteos. Si experimentas hinchazón, gases, diarrea o malestar estomacal después de consumir lácteos, es posible que seas intolerante a la lactosa. Sin embargo, cabe destacar que los síntomas pueden variar de una persona a otra y pueden ir más allá de los problemas digestivos. Muchas personas no son conscientes de que la intolerancia a la lactosa también puede manifestarse a través de dolores de cabeza, fatiga, dificultad para dormir y problemas de concentración. Afortunadamente, existen diversas estrategias para manejar la intolerancia a la lactosa: desde la elección de alternativas sin lactosa hasta la incorporación de enzimas digestivas, hay opciones disponibles para ayudarte a evitar los síntomas desagradables y llevar una vida plena y activa.

En este artículo, profundizaremos en los síntomas ocultos de la intolerancia a la lactosa y descubriremos formas efectivas de gestionarlos. ¡Prepárate para tomar el control de tu bienestar y disfrutar de la comida sin preocupaciones!

Las causas de la intolerancia a la lactosa

La intolerancia a la lactosa es una condición en la que el cuerpo no logra absorber adecuadamente el azúcar de la leche (lactosa), produciéndose una amplia variedad de síntomas, en su mayoría digestivos (diarreas, gases, vómitos, dolor de estómago…). Si la sufres, seguro que te sientes identificado/a con la protagonista de este vídeo:

Hay varias causas, aunque generalmente la causa última es un déficit de la enzima lactasa, responsable de sintetizar la lactosa, que es un disacárido, y separarla en los dos monosacáridos que la componen, la glucosa y la galactosa. La glucosa y la galactosa son absorbidas por el transportador proteico de membrana SGLT-1 en los enterocitos (células epiteliales presentes en las paredes internas del intestino delgado).   

causa-intolerancia-lactosa

De modo que, si la lactasa no sintetiza la lactosa, ésta, a diferencia de lo que ocurre en la foto, pasará por el intestino delgado sin ser absorbida, tenderá a aumentar la cantidad de agua en el intestino (por efecto osmótico) pudiendo provocar diarreas, y acabará llegando al intestino grueso, donde será fermentada por la flora colónica, provocando síntomas (es probable que los síntomas más inmediatos estén provocados por otros procesos, o que el tránsito se «acelere» en estos pacientes, pues el tránsito hasta el colon -orocecal- en personas sanas es de unos 225 minutos para sólidos y de unos 130 minutos para líquidos).

En este dibujo, lo que debiera ocurrir…

lactosa

…y en éste, lo que ocurre en estos pacientes:

lactosa2

Condiciones que desencadenan la intolerancia: el SIBO, la edad o la prematuridad

Hay varias situaciones que pueden provocar una intolerancia a la lactosa, ya sea porque reducen la actividad/producción de enzima lactasa, o por motivos todavía sin esclarecer:

La edad

A mayor edad, menor producción de enzima lactasa. Esto no ocurre en todos los casos, pero es un factor de riesgo frecuente en casi todos los estudios. Puede que algunas personas no estén genéticamente predispuestas a asimilar la lactosa cuando alcanzan determinada edad. De hecho, los seres humanos no estamos programados para seguir consumiendo leche una vez acabada la lactancia materna (al igual que ocurre con el resto de mamíferos), PERO, hace 5000-10000 años, coincidiendo con la aparición de la ganadería, tuvo lugar una mutación que revertió este proceso y nos permitió seguir produciendo enzima lactasa incluso en la adultez.

La genética

Es más probable que tengamos esta intolerancia si algún familiar directo también la tiene. Existe un test genético para los casos de Deficiencia Primaria de Lactasa (LNP, «Lactase Non Persistence»), que nos dirá si podemos tener esta deficiencia en algún momento de nuestra vida (no nos garantiza que la tengamos, sólo si tenemos la predisposición a desarrollarla). La LNP, o hipolactasia, ocurre en el 70% de la población, apareciendo sobre todo en la adolescencia y la adultez temprana. Otra enfermedad, más rara, pero también de origen genético, es la deficiencia congénita de lactasa (no se produce lactasa, se suele ver cuando el bebé tiene diarreas al empezar la lactancia).

La prematuridad

A veces se observa una deficiencia de lactasa temporal en algunos bebés prematuros (con menos de 34 semanas de gestación), que suele mejorar con el tiempo. Cuando el bebé tolera 60-70 gr de lactosa diarios, equivalentes a 1 litro de leche materna, la «intolerancia» se considera superada.

El estrés e infecciones

Se ha demostrado que el estrés, así como las infecciones gastrointestinales, podrían aumentar el riesgo de desarrollar la intolerancia en individuos predispuestos genéticamente.

La presencia de un sobrecrecimiento bacteriano (SIBO)

El SIBO es una condición donde las bacterias del intestino delgado aumentan su número drásticamente. En la intolerancia a la lactosa, los síntomas se producen por el efecto osmótico de la lactosa no absorbida en el ID (diarreas) y la fermentación de ésta al contacto con las bacterias del colon. En personas con niveles de lactasa normales, esto no ocurre, porque la enzima sintetiza el disacárido antes de que haya salido del intestino delgado (donde apenas hay bacterias en comparación). Pero si el intestino delgado aumenta su proporción de bacterias, llegando a niveles cercanos a los del colon, la lactosa podría ser fermentada por éstas antes de que dé tiempo a sintetizarla y absorberla. En cualquier caso, si el causante del problema es un SIBO, los síntomas no se limitarán exclusivamente a la leche, sino que se extenderán a todos los disacáridos, oligosacáridos, polioles, etc. que puedan fermentar a nivel del intestino grueso (y que, si hay SIBO, lo harán a nivel del delgado). El SIBO es una condición algo controvertida y de la que hablaremos más a fondo en el apartado 3.2.

Otras causas secundarias

Como consecuencia de una agresión a la mucosa intestinal (posterior a diarreas, antibióticos, quimioterapia, cirugías del intestino delgado, enfermedad celíaca, enfermedad inflamatoria intestinal), en estos casos la intolerancia suele ser temporal y reversible, mejorando los síntomas cuando se trata la enfermedad condicionante. Las giardiasis (infección por Giardia, uno de los parásitos que pueden provocar daño intestinal) también pueden provocar una intolerancia a la lactosa secundaria, por este mismo motivo.

En algunos causas, no es posible determinar la causa de la intolerancia.

Diagnóstico: prueba de hidrógeno en el aliento

Para diagnosticar este problema se recurre al test de hidrógeno espirado. El test de H2 consiste en la medición de partículas por millón (ppm) de hidrógeno que una persona emite en un soplo de aire. Sin embargo, ésta no es la prueba ideal, y ahora comentaremos por qué.

El fundamento de esta prueba es el siguiente: cuando bebemos lactosa en una cantidad «estándar» (como el vaso que se bebe durante la prueba), ésta llega hasta el intestino delgado, donde una persona con niveles normales de lactasa debería poder sintetizarla y absorberla en su totalidad. Pero, cuando los niveles de lactasa están por debajo de lo normal, hay una parte que no se sintetiza y no se absorbe, y ésta sigue bajando por el intestino delgado hasta llegar al intestino grueso, donde las bacterias del colon fermentan las «sobras» no absorbidas de este azúcar, produciéndose sobre todo 2 gases, hidrógeno (H2) y metano (CH4). El hidrógeno es el residuo que producen las bacterias al comerse la lactosa, y el metano es el residuo que producen las arqueas (microorganismos unicelulares) al comerse el hidrógeno que producen las bacterias. Estos dos gases ascienden por el tubo digestivo, entre otros canales, y una parte de ellos llega hasta la parte inferior de los pulmones, de manera que cuando soplamos con fuerza, algunas ppm de ambos gases se colarán en el aire que expulsamos. De este modo, durante la prueba, primero soplamos antes de tomar el líquido, para ver el nivel «basal» o inicial de ambos gases, y luego vamos soplando una vez cada media hora, y si hay una diferencia de 20 ppm (o 15, según el test) entre el valor más alto y el valor más bajo (no necesariamente el basal) de hidrógeno, se considera que la persona tiene una intolerancia a la lactosa. 

Es necesario medir AMBOS GASES por separado, hidrógeno y metano. Puedes tener niveles de hidrógeno normales, y esto puede deberse a que las arqueas se lo estén comiendo y produciendo metano en su lugar. En el caso del metano, se considera un resultado positivo si la diferencia es de 12 ppm (o 10, según el test). AQUÍ puedes ver varios ejemplos de pruebas corregidas con ambos gases en la web de Isomed Pharma. En todas ellas se miden también los niveles de CO2, lo que nos sirve para saber si las muestras de aliento que hemos ido tomando son válidas o no.

Ejemplo de prueba positiva en intolerancia a la lactosa

Aquí un ejemplo de una prueba positiva en hidrógeno:

concentracion-lactosa

Esta elevación en la curva es porque consideramos que el azúcar (lactosa) no ha sido absorbido por el intestino, llegando intacto al colon, donde las bacterias se han pegado un festín con él, expulsando H2 y/o CH4 de los que una parte penetra en el interior de los pulmones y luego es espirada al soplar.

Hay un tercer gas, el sulfuro de hidrógeno, pero a día de hoy no existen pruebas capaces de medirlo.

El test de hidrógeno/metano espirado puede ayudar a saber si existe o no intolerancia, pero NO nos dice la gravedad de la misma, o lo incapacitante que pueda resultar para una persona. Hay gente que tiene valores muy elevados y lo lleva bien, o gente que son intolerantes «por los pelos» y lo llevan fatal. Depende de la sensibilidad interoceptiva, de la existencia simultánea de otras condiciones, y de muchos, muchos factores, la mayoría de los cuales seguramente aún se desconocen. De hecho, hay expertos que consideran (y tienen bastantes estudios a su favor) que estos test no sirven para nada, pues la malabsorción de lactosa puede ocurrir en personas sin ningún síntoma (algo que se ha demostrado en varios estudios, poniendo en duda la fiabilidad de estos test), y lo que realmente puede hacernos ver si existe intolerancia o no es la presencia de síntomas durante la prueba, salga el valor que salga (estudio de 2019), o la experiencia en nuestro día a día con diferentes alimentos que contengan lactosa.

Ahora contamos con una prueba que, en vez de medir el aire espirado, estima la cantidad de lactasa intestinal que producimos a través de la orina. Consiste en administrar un disacárido parecido a la lactosa, la gaxilosa, que está formado por galactosa y por D-Xilosa (que sustituye a la glucosa). Durante 5 horas se toman muestras de orina y posteriormente se mide la cantidad de D-Xilosa en ellas (no conozco el procedimiento exacto). Otra prueba, más antigua, mide los niveles de glucosa en sangre antes y después (a los 60 y 120 minutos) de haber consumido la lactosa. Y también existen otras pruebas, como la clásica curva de glucemia en sangre, los análisis fecales, la cuantificación de disacaridasas en una biopsia duodenal/yeyunal, o la perfusión yeyunal de lactosa y su cuantificación en un aspirado distal (por la parte del íleon).

Hay que diferenciar la intolerancia a la lactosa de la alergia a la proteína de la leche (APLV), que se da sobre todo en lactantes y niños (aunque más raramente puede aparecer en la adultez), y cursa con reacciones que pueden ser diferentes a las de esta intolerancia, como angioedema, esofagitis eosinofílica, anafilaxia, dermatitis atópica, urticaria…o similares (vómitos, diarrea, estreñimiento, reflujos…). Este esquema resume las principales diferencias entre la intolerancia a la lactosa y la APLV. Normalmente las reacciones en la APLV son leves o moderadas (la anafilaxia puede pasar, pero no es lo más frecuente), y en lactantes predominan los síntomas dermatológicos y gastrointestinales. En los enlaces anteriores podéis encontrar información sobre el diagnóstico, el tratamiento es la evitación total de productos que contengan proteína de leche. Algunos niños sí toleran la de cabra, pero son casos excepcionales (el 90% no la tolera tampoco). También hay que tener en cuenta que la leche puede sentarnos mal por muchos motivos a lo largo de nuestra vida, y hay una lista casi interminable de problemas digestivos que dificultan la digestión de la misma (gastritis, colitis microscópicas, intolerancia transitoria a la leche tras una intoxicación/gastroenteritis…). Los lácteos en general no sientan bien cuando se tiene la barriga delicada. También habría que valorar la posible intolerancia a las caseínas de la leche, para lo cual recomiendo leer este artículo al respecto de Ramón Tormo, el que fuera jefe de la unidad de aparato digestivo en el Hospital Quirón de Barcelona.

Tratamientos

Una vez tenemos el diagnóstico, el tratamiento consiste en reducir la lactosa de nuestra dieta. Se suele recomendar empezar por una dieta estricta sin lactosa, evitando incluso los productos que llevan añadida la enzima lactasa (como son todos los productos lácteos que llevan la etiqueta «sin lactosa»). Así, se recomienda evitar temporalmente (unos días, o hasta que los síntomas se estabilicen) los lácteos, y en el caso de la leche, evitarla en lo posible (si se tolera leche sin lactosa, perfecto) o tirar de leches vegetales.

Tras una primera fase estricta, los síntomas se reducen en unos días. Si no es así, el médico deberá valorar si existe algún otro problema. En esta fase estricta hay que tener cuidado y mirar muy bien TODAS LAS ETIQUETAS. Es de locos la cantidad de cosas que llevan lactosa. Muchas pastillas la llevan como excipiente, y aunque la cantidad es nimia, si se toman varias a lo largo del día pueden dar síntomas, según la sensibilidad de cada uno. Los productos procesados, por ejemplo los embutidos como el jamón de york, suelen llevarla a menudo. Y así con todo. Hay que mirar muy, muy bien estos primeros días TODO lo que nos llevamos a la boca.

Tras esta primera fase, cuando la sintomatología está controlada, podemos pensar en hacer una reintroducción suave, para ver qué alimentos toleramos y en qué cantidades. Primero se puede empezar por los productos «sin lactosa», como la leche (desnatada), o más adelante los quesos, en pequeñas cantidades. Cuidado porque muchos intolerantes tampoco toleran los productos sin lactosa. En cuanto a los quesos, si no tenemos problemas con las grasas, se podría empezar por los quesos viejos, que son los que menos lactosa tienen (la pierden en el proceso de fermentación), aunque suelen tener más grasas (si las grasas no te sientan mal, adelante, si no, busca un queso cualquiera sin lactosa y que no sea demasiado graso, o toma cantidades pequeñas). Respecto a las leches CON lactosa, es posible que la leche de cabra siente mejor que la de vaca, según algunos estudios, al tener menos lactosa y ser más digestiva. Este tema ya es muy personal y cada uno debe ir viendo qué le va bien y dónde está su límite. Personalmente recomiendo las leches vegetales, como la de soja o la de arroz, hay marcas enriquecidas con vitaminas que pueden aportar los valores necesarios de calcio. O se pueden tomar leches vegetales ecológicas y tomar pastillas de calcio (pero estas pastillas pueden dar pesadez y dolor de estómago, un problema común en los suplementos de calcio). En cualquier caso, si NO se toleran los lácteos sin lactosa, la Asociación Española de Gastroenterología nos dice que «la supresión de la leche precisa consumir alimentos ricos en calcio como sardinas, salmón, gambas, espinacas, tofu, judías, brócoli y exponerse al sol para favorecer la absorción de vitamina D». AQUÍ un modelo de dieta baja en lactosa de la Asociación Española de Gastroenterología.

Para ocasiones especiales, existen pastillas de lactasa que pueden ayudar a estos pacientes a digerir alimentos con lactosa. Los hay de muchas marcas, como Lactoben, Lactojoy, Kirkland…pero todos funcionan igual: justo antes de comer el producto con lactosa, o con el primer bocado, se toma una pastilla masticable de lactasa, y su efecto durará aproximadamente 30 minutos, en los cuales podemos comer productos con lactosa (dentro de un límite, que se suele indicar en el prospecto). Sin embargo, el uso de estas pastillas no resuelve todos los problemas, y no sirve para TODOS los intolerantes a la lactosa.

Otra posible herramienta para el tratamiento de esta dolencia son los probióticos. Según la Clínica Mayo, pueden ayudar al cuerpo a digerir la lactosa, aunque el mecanismo por el que esto ocurre no está descrito, y hay muchos tipos distintos de probióticos. Es una rama por investigar, pero lo que los estudios hasta la fecha dicen es que, más que ayudar a digerir la lactosa, pueden ayudar a reducir los síntomas derivados de su consumo.

Continúa conociendo tu enfermedad

Leer artículo anterior
Leer artículo siguiente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *